Frases Autonomistas y Anarquistas

Subcomandante Marcos
· La libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla.
· Es necesario hacer un mundo nuevo. Un mundo donde quepan muchos mundos, donde quepan todos los mundos.
· Es preferible morir con honor que vivir con la vergüenza de un tirano dictando nuestros rumbos.
Disculpen las molestias, esto es una revolución.
Yo soy como soy y tú eres como eres, construyamos un mundo donde yo pueda ser sin dejar de ser yo, donde tú puedas ser sin dejar de ser tú, y donde ni yo ni tú obliguemos al otro a ser como yo o como tú.
“A los anarquistas les compete la especial misión de ser custodios celosos de la libertad, contra los aspirantes al poder y contra la posible tiranía de las mayorías”.
Errico Malatesta
"El anarquismo es realmente un sinónimo del [[socialismo]. El anarquista es primeramente un socialista cuyo fin es la abolición de la explotación del hombre por el hombre. En vez de -planificación central- los anarquistas abogan por la libre asociación y se oponen al socialismo -de estado- como una forma de capitalismo -de estado"
“Hay horteras y burócratas que pasan toda su vida aguantando injusticias y hay rebeldes tan susceptibles que reaccionan ante el más leve abuso de poder: están aquello que pasan sus vidas marcando el paso y vistiendo uniformes y están los otros que no aceptan imposiciones si no están basadas en la lógica, que no es siempre compatible con la naturaleza humana”.
Osvaldo Bayer

“Hay rebeldes cuya rebeldía sólo les alcanza para dejarse el pelo largo y dejar boquiabierta a su chica, y hay otros cuya rebeldía los impulsa a lanzarse a una lucha tremenda, marginados por la sociedad, habitantes de un submundo de violencia, dureza y sangre”.
Osvaldo Bayer

“… quien quiera propagar la revolución debe comenzar por ser él mismo verdaderamente revolucionario”.
Mijail Bakunin

“Uno debe tener el diablo dentro para ser capaz de sublevar a las masas; de otra manera, sólo se hacen discursos huecos y ruidos estériles, pero no actos revolucionarios. Por consiguiente, los agitadores deben estar revolucionariamente inspirados y organizados; deben llevar la revolución en su mente y en su corazón si quieren promoverla y suscitarla”.
Mijail Bakunin

“Hemos hablado mucho de revoluciones, los anarquistas, mas pocos entre nosotros hemos estado preparados para el trabajo actual a llevar a cabo durante el proceso…”.
Piotr Kropotkin

“Un socialista siempre debe ganar su vida por su propio trabajo”.
Piotr Kropotkin
Ejercer el Poder corrompe; someterse al Poder degrada (Mikhail Bakunin)
buscando lo imposible que el hombre ha siempre realizado lo posible. Aquellos que se han sabiamente limitado a lo que le apareciera posible no han nunca avanzado de un solo paso. (M. Bakunin)
.-”Sean capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida en contra de cualquier parte del mundo. Esa es la cualidad más linda de un revolucionario”. Che Guevara.
“Dignidad y capital son incompatibles. Mientras más avanza el caminar de la dignidad, más huye el capital. Cuando se levantan los indígenas, el capital huye. Cuando los obreros ocupan las fábricas, el capital huye. Cuando los estudiantes se rebelan contra la reestructuración de la educación, el capital huye. Cuando parece que un gobierno de izquierda podría introducir medidas que afecten las ganancias, el capital huye (y el gobierno cambia de opinión)” John Holloway
“La idea de una sociedad sin Estado provocará tantas objeciones como la economía política de una sociedad sin capital privado. Hemos sido criados son prejuicios acerca de las funciones providenciales del Estado. Y nuestra educación, desde las tradiciones romanas hasta el código de Bizancio, y las ciencias profesadas en la universidad, nos acostumbró a creer en el gobierno y en las virtudes del Estado-providencia”
Solamente los anarquistas, sabrán que somos anarquistas y les aconsejaremos que no se llamen así para no asustar a los imbéciles.
Ricardo Flores Magón

Que cada hombre y cada mujer que amén la libertad y el ideal anarquista, lo propague con empeño, con terquedad, sin hacer aprecio de las burlas sin medir peligro, sin reparar en consecuencias, y manos a la obra camaradas y el porvenir será para nuestro ideal libertario. Ricardo Flores Magón

EINSTEIN, A:
"El nacionalismo es un enfermedad infantil, es el sarampión de la humanidad"

GALEANO, E:
"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar"

Dos héroes del pueblo

Desde Arbolito el Vindicador, los anarquistas expropiadores y demás heroes libertarios Bayer siempre nos sorprende con sus historias de lucha por un mundo mejor. Otro mundo es posible.
El Vindicador en Latinoamerica
Por Osvaldo Bayer

Ochenta años de uno de los crímenes “legales” más mentados. El de Sacco y Vanzetti, cometido por el poder de Estados Unidos, en la ciudad de Boston. La silla eléctrica. Pero no pudieron matarlos en la memoria. Sacco y Vanzetti pasaron a ser, para siempre, “Héroes del pueblo”. Publicaciones, actos, conferencias, obras de teatro, filmes, hermosas canciones, los recuerdan. Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, un zapatero y un vendedor de pescado, así de humildes. Dos italianos inmigrantes. Pero saltaron a la gloria. A los jueces, a los funcionarios que actuaron en este increíble crimen legal ni se los recuerda. Pero se los nombra. Principalmente al juez Fuller. En realidad, todos los jueces que interpretan las leyes a favor del poder quedan en la lista negra de la historia.

Como hacen los norteamericanos, cuarenta años después del crimen oficial contra Sacco y Vanzetti pidieron disculpas. Había sido una “equivocación”. Claro, entonces era fácil, ya estaban muertos. La misma conducta norteamericana contra aquellos también héroes populares, condenados a muerte –esta vez en la horca– por pedir las ocho horas de trabajo. Fueron “Los Mártires de Chicago”, a cuyo recuerdo se debe para siempre el 1º de Mayo como Día de los Trabajadores. También, cien años después de ese crimen infame, la Justicia norteamericana pidió disculpas. Porque fue una “equivocación”.

Sacco y Vanzetti. Libertarios. Luchadores por la Igualdad en Libertad. Dos anarquistas. Con la palabra y el ejemplo. Cuando fueron detenidos, sin ninguna prueba, se los acusó de un atentado. La policía supo hacer la trampa. El juez Fuller y los demás no se tomaron ningún trabajo. Se “dejaron llevar” por las “pruebas policiales”. Total era lo mismo, si no habían cometido ese delito valía la pena matarlos por sus ideas. Bush también los hubiera calificado de terroristas. Y eso basta.

Fue impresionante cómo la palabra Solidaridad, en todo el mundo, se hizo protagonista. En todos los países hubo mitines, huelgas, protestas, atentados de repudio por Sacco y Vanzetti. En la Argentina, ni que hablar. Los anarquistas no eran niños de pecho. Ante la violencia de arriba no se prosternaban ni huían. Respondían. El 16 de mayo de 1926, a las 23, estalla la protesta en Buenos Aires con una bomba en la embajada norteamericana, en Arroyo y Carlos Pellegrini. El boquete que abre la explosión es tan grande que los policías que llegan pueden entrar por él al edificio. El escudo de Estados Unidos va a parar al medio de la calle. Del almacén de enfrente caen las botellas de las estanterías. Poco después, como se usa, los más altos funcionarios de la policía del gobierno radical de Alvear, encabezados por el jefe de Investigaciones, Santiago, irán a pedirle disculpas al embajador norteamericano y asegurarle que los culpables caerían muy pronto. Pero no sería la única. El 22 de julio de 1927 estalla una bomba en el pedestal de la estatua a Washington, en Palermo. Un banco de mármol, situado junto al monumento, va a parar a cinco cuadras del lugar. Cincuenta minutos después estalla otro artefacto en la empresa Ford, de Perú y (hoy) Hipólito Yrigoyen. El automóvil último modelo expuesto en la vidriera queda totalmente inutilizado.

Por supuesto la policía detiene a toda persona con rostro sospechoso de anarquista. Y el comisario Santiago hace declaraciones optimistas. Pero esa misma noche, el 16 de agosto, explota en su lujosa residencia, Rawson 944, un artefacto que lo deja sin comedor, sin los muebles de esa habitación, sin balcón y sin ventana. Después de esto, el comisario Santiago no hará más declaraciones a los periodistas. Santiago pasó a la historia por inventar el suplicio llamado “pileta” para hacer hablar a los detenidos. Es decir, sumergirle la cabeza en una pileta de agua, hasta el límite.

Pero llegará la noche de la ejecución de los dos héroes, en Charlestown. Buenos Aires siguió ante las pizarras de los diarios, paso a paso, la ejecución de los dos inocentes. Hasta que apareció escrito: “Fueron ejecutados, primero Sacco, luego Vanzetti. Antes de morir gritaron: ¡Viva la Anarquía!”.

Buenos Aires vivió ese día la ira del pueblo. El paro fue general, ordenado por las centrales obreras. Todo el día explotaron petardos como gritos de furiosa protesta, manifestaciones, enfrentamientos con la policía. Como símbolo quedó un tranvía quemado en el centro de Buenos Aires.

El diario anarquista Cúlmine dirá: “Debemos oponer nuestros instrumentos vengadores que quemarán los mil tentáculos monstruosos de la fiera vampírica que envuelven todos los senderos de la tierra. Nuestra dinamita purificará los lugares que la maldita casta del dólar ha apestado”.

Seguirán los atentados, dos de ellos al CitiBank y al Banco de Boston.

Y volvemos al principio: no hay violencia de abajo cuando primero no hay violencia de arriba.

Folklore de Calle adentro

MUSICA: ARBOLITO
Folclore de calle adentroEl grupo que tomó prestado su nombre de un indio vengador de un texto de Osvaldo Bayer, entre ritmos rockeros y folclóricos cuela letras de fuerte contenido social.
Gabriela Saidon

Si pudieran, los músicos de Arbolito cambiarían los nombres de buena parte de las calles de Buenos Aires. Por lo menos, las que se llaman general o coronel algo. De hecho, ya hicieron un intento simbólico en la provincia, cuando acompañaron a Osvaldo Bayer —mentor del grupo sin saberlo— a Coronel Rauch, el 12 de octubre de 2003. El grupo eligió llamarse así en honor de un personaje que figura en un libro de Bayer, Rebeldía y esperanza: el indio que le cortó la cabeza al Coronel Rauch (oficial prusiano contratado en 1826 por Bernardino Rivadavia para "limpiar la pampa bonaerense de ranqueles"), cuya historia el escritor recita en el segundo disco, La mala reputación, del 2000. El primero es Folclore, de 1998.La reivindicación histórica del indio, pero también la del pobre, la del desocupado, figuran en los temas de esta banda de la resistencia en tiempos de globalización. Entre ritmos folclóricos, rockeros y latinoamericanos, y una buena dosis de reggae, cuelan letras contestatarias, propias y ajenas, más cercanas a la canción de protesta (de hecho, la que le da el nombre al disco del 2000 es de George Brassens) o al rock de los 70. La mezcla es evidente en la sala de ensayo, en Boedo, que preside una gran tela pintada con la figura del indio, lanza en mano y poncho al viento, donde guitarras eléctricas alternan con quenas y tumbadoras y parlantes y consolas de sonido no oscurecen las notas de un violín (instrumento que en ese disco toca, como invitado, el legendario Jorge Pinchevsky, que murió en junio de 2003 cuando una moto arremetió contra su bicicleta, en La Plata). Las letras agudizan la crítica en La arveja esperanza, el disco que terminaron de grabar, en medio de los cacerolazos, el 20 de diciembre del 2001. Después del ensayo, donde la banda hace un recorrido desde un tema "fiestero", bien de barrio, como La novia hasta los que dan nombre a sus discos, Ezequiel Jusid (32, jean, remera, pelo corto) y Agustín Ronconi (29, bermudas, descalzo, pelo largo ondulado atado), hablan del "rock folclórico" (una etiqueta para resumir) que componen.Agustín dijo en una entrevista: "Nos gustan los temas de Cuchi Leguizamón, pero en el momento de componer surge lo que ves en la vereda".Ezequiel: Lo que pasa es que somos porteños (menos Diego que es de Tandil), y todas las vivencias que tenemos son bien del cemento de esta ciudad. Las letras son más rockeras porque en el folclore no se usa mucho en los últimos años la protesta. Se canta más a la naturaleza.¿El rock es lo que les permite introducir lo contestatario en las letras?Agustín: Crecimos escuchando rock. El folclore es después de la adolescencia, aparece a partir de estudiar música, y nos "encantó", nos sedujo. Lo que estamos haciendo es toda la música que escuchamos sin ninguna barrera. Se junta todo, la letra bien urbana con el deseo de respirar aire puro, un poco de montaña, agüita clara del arroyo. La Escuela Popular de Avellaneda, donde se conocieron, les dio esa versión "no tan chalchalera" del folclore, sino de algo "con más ingredientes, como el jazz o el rock". Y nombran: MPA, Peteco Carabajal, Chango Spasiuk, "gente que no se ata tanto a lo tradicional, como Lilian Saba, Juancho Farías Gómez, gente que le dio la vuelta al folclore e inventó algo nuevo" (Ezequiel).La relación con Bayer empezó cuando se acercaron a pedirle prestado el nombre de Arbolito, "aunque ya lo estábamos usando", confiesa Ezequiel. Y sigue: "Fuimos con portaestudio, micrófono, nos contó la historia, la grabamos, musicalizamos atrás y a partir de ahí lo seguimos viendo. Hicimos un recital en la casa de las Madres, en La Trastienda, en Rauch. Allí hubo 1.000 personas en la plaza"."Me acuerdo de que cuando llegamos, pasan dos pibitos en bicicleta —agrega Agustín—, y ven la camioneta en la que venía pintado Arbolito. 'Mirá, mirá, así le van a poner a la ciudad' —dijeron y se fueron re contentos.""Mucha gente estuvo en contra, indignadísimos con Bayer —dice Ezequiel—. La idea no era cambiar el nombre sino que la gente conozca la historia. Ahora estuvimos tocando en la costa y gente de Rauch nos dijo que en los secundarios los chicos hacen trabajos sobre Arbolito. Así que el debate arrancó. Sería bueno que muchos nombres de pueblos y calles cambiaran. La plaza Falcón, por ejemplo, cambió por Che Guevara, la iniciativa fue de Bayer y votaron los vecinos". ¿No hay arte sin compromiso?Agustín: No, creo que está bueno identificarse. Y si uno no es sensible a esos temas, no se identifica. A nosotros nos sale natural. Pero no se puede juzgar como "hay que tener compromiso social". Cada uno siente el arte como lo quiere sentir.Ezequiel: Pasa más por la persona que por el artista. Y tampoco por las letras. Miguel Angel Estrella sigue yendo a tocar Chopin a las villas. O el Chango Spasiuk, que toca instrumental pero está tocando donde tiene que estar.Pero la búsqueda de ustedes sí pasa por lo social.Ezequiel: Sí, porque nosotros somos así y nuestra militancia pasa por la música. Militamos con la banda tocando, diciendo lo que queremos en barrios, escuelas.Agustín: Nos llaman mucho de asambleas, hogares, comedores, se ve que la música les sirve de alimento, de lucha. ¿Cómo es el público que los sigue?Agustín: Variadísimo.Ezequiel: Somos básicamente callejeros. Crecimos en la calle y allí volveremos a tocar después de El Ateneo. Y en la calle se junta todo, desde heavy metal a señoras de 70 años o niños. Después, según el lugar donde tocamos a la noche, viene un público u otro. Solemos tocar en el Teatro Alberdi , en La Boca. Lo alquilamos pelado, hay 20 personas trabajando, hay disc jockey, barra, tocamos y después hay fiesta. Ahí van más jóvenes. Igual cuando tocamos en La Trastienda la gente se para y baila. Pero el público es más familiar.

Más sobre la banda más comprometida con la realidad social

Jueves, 29 de Junio de 2006 / Página 12

la banda de rock-folklore en una “patriada”

Si es Arbolito, es bueno
Había un indio apodado Arbolito que ajustició al Coronel Rauch, quien exterminó a los ranqueles. 180 años después, el escritor Osvaldo Bayer y la banda homónima quieren cambiar el nombre de la calle Rauch (en Azul).

Cristian Vitale
Agustín, hombre orquesta de Arbolito, abre la puerta del pequeño estudio de grabación que tiene en Boedo. Enciende la PC y coloca el pulgar derecho sobre el icono que aparece en el monitor: el brazo de un Indio sosteniendo la lanza que mató a Rauch. Así empieza el único video del grupo en diez años y prueba la bola que le dan a la imagen. El resto de sus compañeros –menos Pedro, el clarinetista, que metió mano en la edición– se sorprende ante las tomas. “Es la primera vez que lo vemos”, asegura el Chino, percushowman. El clip conjuga escenas de protestas sociales con varias ejecuciones del bellísimo Huayno del desocupado. Transcurren shows en Independiente, Tandil, Parque Lezama, Lago Puelo y nadie se aviva de que, en la parte que Agustín recita las penurias del desocupado, la imagen va más lenta que el sonido. “Esta toma nos costó como seis horas”, reniega Pedro. Lo hicieron como todo en su carrera: independiente, artesanal... sin la menor intención de rotar en algún programa onda MTV. Así es el mundo folkie-rock de Arbolito: hippón, austero, comprometido, anticareta y con el arte al frente. Los seis son muy talentosos y ni se les cruza transar libertad creativa por unas monedas más.
Breve historia: Agustín y Ezequiel –cantante y guitarrista– se conocieron viajando mochila al hombro por Latinoamérica, y al año ya estaban tocando quena, charango y guitarra en Balizas, Uruguay. “La gente se prendía entre el vino y la fiesta. Dijimos: ‘Esto tiene que andar’”, evoca Eze. El dúo volvió con la idea de mutar en banda y trocó el sol de Balizas por la oscura claridad de los subtes de Baires. Y aparecieron un tercero –el percusionista Quintín– y el nombre. “Se lo pusimos con absoluta convicción”, profesa Agustín, especie de Ian Anderson argento. El motivo es conocido: Arbolito es el sobrenombre con que Osvaldo Bayer identificó al Indio que ajustició a Rauch, el Coronel prusiano que había contratado Bernardino Rivadavia para exterminar a los ranqueles en 1826. “A tres meses del arranque, caímos en la casa de Bayer”, reseñan.
Arbolito toca este sábado a las 19 en El Teatro de Flores (Rivadavia 7800).
–¿Y qué les dijo?
Agustín: –Primero se sorprendió de que tocáramos folklore. Se imaginaba que, por la pinta, éramos rockeros. Nos recordó que Fun People había puesto a Severino en la tapa de uno de sus discos. Le sonó raro lo comprometido de nuestro mensaje, pero con el tiempo nos fue conociendo.
La primera visita no pasó de un intercambio de palabras, que incluyó el pedido del permiso para usar el nombre. Bayer, claro, estalló en entusiasmo. ¡Alguien se había acordado del incidente con el bisnieto del Coronel! “Se emocionó de que pibes que podían ser sus nietos se interesaran por esa historia”, refleja el guitarrista. Bayer, se aclara, había intentado cambiarle el nombre al pueblo de Rauch en 1963, pero no sólo fracasó sino que fue detenido en Buenos Aires a instancias de Juan Rauch, ministro del interior del gobierno de José María Guido.
Al segundo encuentro, Ezequiel y Agustín llevaron una portaestudio, un micrófono y Bayer grabó el speech en off que aparece en Arbolito, el tema batalla del disco debut: Arbolito folklore. El combate prosiguió con un viaje a Rauch, donde el historiador y sus discípulos fueron a exigirle al intendente que trueque ese nombre genocida por el del Indio justiciero.
Agitaron el avispero, pero la movida no prosperó allí sino en la vecina Azul, donde un grupo de concejales presentó un proyecto de ley para que se cambie el nombre de la calle Rauch por ¡Arbolito! El próximo 27 de agosto, Bayer y su brazo musical viajarán por la revancha. “Osvaldo se contactó vía mail desde Alemania. Está embalado, no ve la hora de venir”, cuenta Eze. “Esto significa materializar la idea de que se puedan cambiar las cosas. Que la plaza Ramón Falcón se llame Che Guevara ya es un gran avance”, sigue Agustín.
–¿Cómo continuó la historia después del encuentro con Bayer?Agustín: –Para el segundo disco (La mala reputación, 2000) todavía éramos muy callejeros. Improvisábamos huaynos que tenían estrofas cortitas, de 40 segundos, y los llevábamos a cinco minutos. Zapábamos muchísimo.
–¿En qué condiciones técnicas grabaron La mala reputación? La edición original no tiene un buen sonido...
Agustín: –En 1999, con Eze y el baterista Diego alquilamos una casa en Once y vivimos todo el año ahí. Fue cuando empezamos a tocar en el Lezama. Nos habían prestado una Fiorino para los equipos y ahí comprendimos que necesitábamos un móvil. Entonces, compramos la combi con plata prestada -la de la tapa de Mientras la chata nos lleve (2004)– y nos fuimos a girar por la costa. Tocamos a la gorra, todo bárbaro. Pero cuando volvimos, nos miramos y dijimos: ‘¿Y ahora qué hacemos?’. Ya habíamos dejado la otra casa y no teníamos dónde vivir. Por suerte, un amigo que se iba al exterior nos prestó la casa. Y grabamos el disco allí, con una computadora chiquita y micrófonos prestados.
El sonido de las chacareras, cuecas y candombes adobados con rock que habitan el tercer disco, La arveja esperanza (2002), mejoró notablemente. ¿Razones? “Le pagamos a alguien para que lo grabe”, se ríe Agustín. “La grabación nos agarró en plena crisis... habíamos elegido el 19 y el 20 de diciembre para demear los temas y, de repente, estábamos en Plaza de Mayo. Salimos, escuchamos los ruidos de la calle y corrimos tras ellos.” Ese verano, pese al bajón, se fueron de gira. “Fue una garompa, en la costa no estaba ni el loro. Igual sacamos unos pesos y contratamos un profesional.”
–¿La banda siempre se sostuvo con recursos propios o alguna vez tuvieron que poner plata de sus bolsillos?
Ezequiel: –La prioridad siempre fue autogestionarse. Cuando empezamos, veíamos bandas amigas que perdían mucha plata por tocar. Salían 300, 500 pesos abajo. A nosotros jamás nos pasó. No vivimos de la banda aún, pero jamás aceptamos poner plata para que nos conozcan. ¿Qué es eso?
Agustín: –La inversión es subirnos a la camioneta y tocar. Por eso, nos conoce tanta gente en los pueblos. Son muchos veranos, muchos domingos en el Lezama, miles de discos en la calle. La inversión está puesta en nuestro cuerpo. Cada uno puso su tiempo, sus instrumentos, su esfuerzo.
Entre La arveja esperanza y Mientras la chata nos lleve, Arbolito se convirtió en una banda muy popular sin recurrir a ninguna productora. Más de una vez superaron las mil personas en el Verdi de La Boca, también colmaron el polideportivo de Independiente, el Teatro de Flores (1600 personas) y este sábado van por la revancha en el mismo lugar. “Nos encanta alquilar lugares, pero ya no se puede –reniega Ezequiel–. La idea de alquilar es hacer lo que quieras, no irte a las 11 de la noche. El Verdi hoy está habilitado para 300 personas. ¿A qué precio tenés que poner las entradas?
–¿Por qué no tocan más en el Lezama?
Diego: –Porque pedir una habilitación es un karma. Si no la conseguís y vas igual, te corre la policía. Laburan para convencerte de que no toques. Podés rayarte y colgarte de la luz... pero es un riesgo.
Ezequiel: –La última vez que tocamos fui a la municipalidad 80 veces para que me den un papel que no decía nada. Nos pedían baños químicos, vallados... una ridiculez.
Rama por rama
Agustín Ronconi (o Tatín). Multiinstrumentista. Empezó estudiando guitarra con un profe de barrio y completó los estudios de flauta, charango y guitarra en la Escuela Popular de Avellaneda. Pasó por Alma los Blancos (que hizo el himno de la hinchada de Quilmes), Bossa Nostra, Cenzontle (el pájaro de La Maza, de Silvio Rodríguez) “y otras bandas de exploración musical andina”.
Ezequiel Jusid (o Enano). Empuñó por primera vez la guitarra ¡de su hermano Lolo! Su banda debut fue Axolotl, como el cuento de Cortázar. Después entró al Conservatorio Nacional, pero duró poco. “Fui a ver a Afrocuba a la Escuela de Avellaneda y me quedé.” Es profesor de música y dio clases en jardines y escuelas en barrios alejados de la provincia. “Dejé porque no era serio caer los lunes a dar clases, después de las giras.”
Andrés Fariña (o Bilardo). Toca el bajo desde los 14. Integró bandas under como Tony 70 y Zanahoria. “¡Hasta estoy en la tapa de un disco tropical que no grabé!”, dice. También se calzó la camiseta fucsia de la comparsa Los Herederos de Palermo. “Como verás, no me importa nada”, remarca.
Diego Fariza (o El Oreja). Nació en Tandil. Empezó a tocar batería a los doce. Siete años después se mudó a Baires y se anotó en la Escuela de Avellaneda. “Cuando estaba en 2º año conocí a estos hippies... me dijeron que necesitaban un baterista para cuatro fechas y me integré.”
Pedro Borgobello (o Houston ¡por Matt!). Nació en Rosario, pero se crió en Chañar Ladeado. Agarró el clarinete a los 10 y, a los 15, integró la big band de jazz del pueblo hasta que perfeccionó el clarinete y armó un grupo de rock progresivo llamado Abacoprofagador. Tardó dos años en aburrirse del Conservatorio Nacional y pasarse a la Escuela de Avellaneda.
El Chino (o Sebastián Demenstri). Empezó como “rockerito” a los 14. “Mi hobby era el hardcore-punk.” Después incursionó en DAM, 12 Monos, La Mandinga, La Chiringa y Caturba. En el 2002 entró en Arbolito. Fue el último.

“Hay algo que el rock no dice”


“Mientras la chata nos lleve...” es el último disco de la banda editado en 2005. El sonido parece más trabajado, que en sus anteriores producciones, quizás por la ayuda de Daniel Buira de la Chilinga en la dirección artística. Además con algunos invitados de lujo como Peteco Carabajal, Liliana Herrero homenajeando a Osvaldo Bayer y Moira Millán recitando en “Niña mapuche” entre otras cosas…Mientras esperamos su próximo trabajo, Al margen, entrevistó a Arbolito, la banda que los empleados de la disquerías no saben donde ubicar; ¿Rock? ¿Folklore?


Andrés: Siempre decimos que la banda esta es vertiginosa. Puede pasar cualquier cosa y muy rápido. Arbolito no es tranquilo. Tenemos mil quinientas anécdotas con el bondi. Lo compramos sin conocerlo. Nunca nadie había manejado un Scania ‘59, de once toneladas Teníamos planeado salir el 1 de enero Y ese 30 de diciembre fue Cromañón. Se nos caen algunas fechas y se nos cae el sonidista-chofer. Salimos con un bondi recién comprado que no sabíamos qué onda, apenas lo habíamos revisado. Manejando nosotros, que pasamos de la chata a un bondi de trece metros sin escala, manejando en montaña y con un sistema de sonido sin sonidista. Que no era el sonidito nuestro, el de la chata, es otra cosa, para armarlo estas tres horas, con luces, y encima veníamos grabando el disco en vivo. Y así salimos en una gira de 14 shows, seis músicos, más Gula y Miguelito (dos asistentes). No chofer, no operador, no luces, no nada. Pero en esa gira grabamos la mayoría de los temas del disco en vivo. Tocamos en Zanón (Neuquén), Bariloche, El Bolsón, Lago Puelo, El Hoyo, Mar del Plata, Necochea, Henderson, González Chávez. Fue la mejor gira de nuestras vidas.



P: Esta bueno escuchar sus discos en viaje dentro de la Argentina, por el interior…
Ezequiel: Es que muchas canciones se hicieron a partir de los viajes. Viajando nació Arbolito, viajando nos conocimos, viajando hacemos las canciones.
Pedro: Algo de ese espíritu queda y después de tanto viajar, de tantas giras que hicimos, la parte compositiva tiene que ver con tantas experiencias vividas que uno trae.
Ezequiel: Estar mucho en la ciudad te deja la cabeza mal, te ensordece.
Pedro: La ciudad te lima.
Ezequiel: En viaje, te das cuenta que hay tanta gente viviendo otra historia, nada que ver que la nuestra y mucho más profunda. Y esta bueno y eso lo trasmitimos. Acá en Buenos Aires creemos que pasan un montón de cosas, pero no es lo único. Pasan un montón de otras cosas en otro lado y con otro ritmo.
Ezequiel: Nos creemos que somos el centro del mundo, así nos hacen creer. Los medios y todos. Yo nací en Buenos Aires y tranquilamente podría creer que es la única realidad.
Pedro: Yo nací en Rosario y me crié en un pueblo que se llama Chañear Ladeado. La sensación, por más que uno no lo cree del todo es lo que dice la tele. Unos amigos de allá me mandaron un mensaje de texto y yo estaba en el subte lleno de gente. Estábamos en una situación totalmente distinta y me decían; “cuidate, pasan cosas tan feas por allá”. Esta bien, yo me cuido pero la televisión exagera mucho. La realidad parece ser eso que muestran los medios. Desde acá se plantea que la Argentina es Buenos Aires, ese es la mentalidad. Además no hay mucho espacio para pensar, todo va muy rápido, es una picadora de carne.
P: ¿Por qué hacen folklore?
Ezequiel: La cualidad de la banda es que nos conocimos todos en la escuela de música popular de Avellaneda y en la carrera de folklore. Y ahí descubrimos un montón de folklore que no es el que nos hacen ver en Argentinisima, o lo que cantábamos en la escuela cuando éramos chicos, “zamba de mi esperanza” y todo eso. Yo que soy de acá tenía algún disco de Mercedes Sosa de mi viejo, me gustaba pero tocaba rock.
P: ¿Quiénes te gustaron?
Ezequiel Descubrí al Cuchi Legizamón y a gente haciendo folklore desde otro lugar musical y artístico. Desde el lenguaje musical escuchar al Cuchi, las cosas que usa es armonía son complejas. Escuchaba a Dino Salussi, Peteco, Carnota, el Chango Spasiuk que ahora tienen un poco mas de difusión. Y eso combinado con todo lo que traíamos nosotros, que era básicamente roquero. Somos de escuchar mucha música y todos hemos pasado por un Piazzola, música clásica y cumbia. Tampoco creo que seamos una parte de folklore. Siempre nos costo eso de identificarnos de alguna manera, en las bateas de las disquerías no saben donde ponernos o cuando tenemos que mandar gacetillas ¿para qué suplemento, para rock, o para folklore?. No creo que seamos una banda de folklore, no somos de tocar en peñas ni en festivales folklóricos.
Pedro: No somos una banda de folklore, somos una banda que hace algunas cosas folklóricas o que tiene algunos colores de algunos ritmos y canciones que van por el lado del folklore. Nos gustan y los tocamos.
Ezequiel: Es raro porque tampoco somos una banda de rock. Hacemos lo que tenemos ganas. Nunca nos preguntamos, ni nos propusimos hacer lago determinado. Eso es una realidad, no tuvimos nunca prejuicios hacia ningún tipo de música.
Pedro: Hacemos lo que nos gusta, lo que nos sale. Eso para esta sociedad donde te encasilla es una complicación. Yo creo que mientras no sea una complicación para nosotros a la hora de tocar esta bien.
Ezequiel: Gracias a esa disyuntiva construimos un camino propio. Nos llevó a estar donde estamos ahora, sin estar en ningún lado. Tuvimos que salir a tocar a la calle, a las plazas, tuvimos que alquilar lugares nosotros y hacer fiestas y movidas donde se tocaba folklore y hacíamos rock…. En las peñas no queríamos y no nos invitaban por que no tocábamos música para peñas. Y en las rockerías no nos quisimos meter nunca porque es un bajón; hay un maltrato hacia las bandas, tenés que pagar para tocar y todo eso nunca nos intereso. Entonces dijimos “buenísimo, hagamos la nuestra”. Y se dio en una época en que podíamos, ahora hubiera sido mucho más difícil. Ahora las bandas que eligen un camino o hacer algo, les cuesta mucho mas porque no hay lugares, hay prohibiciones en todos lados. Hay muchos peros para lo que quieran hacer.



P: En una entrevista reciente en otro medio Arbolito dijo “hay algo que el rock no dice”. ¿Podemos volver sobre el tema?
Ezequiel: El poder que tiene el rock es enorme, poder de convocatoria, de llegada, de influencia en la juventud, en pibes que están en momentos de formar su personalidad. Y también nosotros, escuchando letras de rock construimos nuestra personalidad, nuestra forma de ser. Pero hoy hay un vacío enorme en el rock, hay doscientas mil bandas que tienen muchísima difusión, mucha más difusión de la que había antes, ahora hay radios exclusivas de rock nacional todo el tiempo. En todo eso, hay algo que el rock no dice. Sólo se habla de la droga, de las minas y del descontrol.
P: ¿Quiénes son los rescatables que dicen algo?
Pedro: Escucho poca radio, la puse porque nos dijeron que estaban pasando algo nuestro, de curiosidad. Y la puse y me pasa eso, escucho tres canciones y digo no, si quiero escuchar música pongo un disco. Como dice Diego (Fariza) tampoco es que el folklore ahora tiene mucho contenido. Cuando llegó la dictadura el folklore que hablaba de contenidos sociales se cortó. Y lo que quedó fue una cuestión más paisajista o romántica, lo social desapareció. No creo que falten cosas que decir, parece ser que lo que agarra el mercado no es para decir cosas.
Ezequiel: No solo desde lo social, sino que desde el lado poético también. El flaco Spinetta por ejemplo, no es un tipo que haga letras sobre revolución, fuertes con lo social, pero escuchas una letra del flaco y te deja pensando tres días.
Pedro: Ahora en general, hay muy poca profundidad, todo es muy livianito, esa es la sensación.
Ezequiel: Pero hay quien… La Renga, a su manera esta tratando de decir algo. Y lo trata de decir en la música, y en cómo se manejan y cómo se mueven.
Pedro: (por La Renga) pero es una de las pocas. En realidades todo funciona como un kiosko, mucho espacio para vender gaseosas. Hay mucha gente haciendo otra cosa, que no llega a los medios y también hay mucha gente buscando escuchar otra cosa. Pero viste, si no te dan una mano es complicado.
Ezequiel: En este ambiente, en la realidad que estamos viviendo, si te machacan con algunas cosas, te bombardean, te las terminas creyendo, te terminan gustando y te compras todo.
Pedro: Da la misma sensación con las elecciones, es una mentira, no es un sistema de elecciones, es un sistema optativo, vos tenes opciones, tenes que optar, por uno o por otro. En la tele, la radio pasa lo mismo, de lo que dan, que son cinco opciones tenes que elegir uno. No es lo que te gusta es lo que te queda. Lo menos malo. Así no elegís.
P: Desde sus inicios tocan en festivales solidarios, en fábricas recuperadas, en eventos populares y barriales…por momentos parecen una organización social que hace música.
Ezequiel: Desde siempre, desde hace 10 años hemos ido a un montón de movidas que nos invitan a participar. Y participamos desde lugares donde nos interesa y donde nos gusta compartir esas experiencias con la gente; en fábricas recuperadas, comunidades indígenas, asambleas barriales. Hemos tocado en todos lados. Es una manera de militar acompañando desde lo que hacemos nosotros. Siempre adonde vamos son lugares que estamos de acuerdo con la idea y de acuerdo con la lucha. Y nos parece que está bien apoyar, participar y formar parte de eso.
Pedro: Creo que nos llaman por lo que decimos en las canciones, y por los lugares en los que tocamos se va generando un ida y vuelta…
Ezequiel: Esta buenísimo esas diferentes experiencias porque uno se contagia con lo que está abajo del escenario, no somos maquinitas que nos paramos y tocamos iguales en cualquier lado. Está bueno, te da la posibilidad de no aburrirte. Si siempre fuera el mismo público y la misma energía pasa a ser algo rutinario. Por ahí tocamos en un teatro o un estadio con un montón de personas saltando haciendo pogo, y por ahí tocamos, como pasó la semana pasada, en una fábrica donde están sentados los hijos de los obreros y son muchos los que no te conocen y están participando muy contentos de que esté pasando eso en una fábrica.
P: ¿Cómo sienten estos diez años? (la banda festejó hace poco su primer década), ¿se imaginaban ese momento?, ¿Cómo fue la convivencia?
Ezequiel: Con los años se nos hace mucho más difícil salir de gira. Antes nos metíamos en la camioneta con todo el sonido, todos los equipos, todos nosotros un par de colchones y volvíamos a los cuarenta días. Hacíamos 120 fechas en todas partes, a la tarde en la playa, la noche en la rambla y a la trasnoche en un boliche o en otro pueblo. Ahora no podemos salir así: hay una estructura que mover, también tenemos nuestro sonido, hemos crecido musicalmente con la banda, también somos más grandes, tenemos familias a quien cuidar. Todo eso lo hace mucho más difícil. Ahora es un momento que estaría bueno volver a salir pero con otra estructura.


El Vindicador en Latinoamerica

Arbolito, el vindicador En el año 1826, el gobierno de Bernardino Rivadavia, contrató al oficial prusiano Rauch, nada menos que para matar indios, su misión era limpiar la pampa bonaerense de los ranqueles, esos hermosos indios que poblaban estas zonas con absoluta libertad. Bien, este oficial prusiano comenzó la liquidación de estos indios, y se guardan sus partes militares que hablan de su profunda sabiduría. Por ejemplo, dice que los indios ranqueles no tienen salvación porque no tienen sentido de la propiedad, también señalaba que los indios ranqueles eran anarquistas, así tal cual. Bien, él se adelantaba, era un oficial prusiano muy valiente, se adelantaba a sus tropas 200 metros por lo menos blandiendo su espada y se encontró con la horma de su zapato, porque después de haber escrito un parte donde decía “hoy hemos ahorrado balas, degollamos a 27 ranqueles”, un indio joven, apuesto, alto de pelo largo, al que llamaban “Arbolito” lo estuvo esperando en una hondonada, y cuando pasó este coronel a toda velocidad en su corcel, se le fue detrás, le boleó el caballo, cayó el militar europeo, y el indio Arbolito cometió el sacrilegio de cortarle la cabeza. Así vengaba a tantos de sus compañeros de las pampas. La Ciudad de Buenos Aires recibió con toda pompa el cadáver del militar europeo muerto de esa manera. Señalan los historiadores que fueron las exequias, las ricas de todo ese período argentino. Arbolito se perdió en la inmensidad de las pampas, ya nadie lo recuerda. La ciudad donde ocurrieron los hechos se llama hoy Coronel Rauch, y muchas calles recuerdan al oficial prusiano, pero ninguna a ese héroe de las pampas… el querido Arbolito. Osvaldo Bayer